EL VIAJE DEL NOCINO/ 2: ITALIA, NÁPOLES

templo maradona napoli

El café del Biagio dei Librai en la zona antigua de Napoles rinde culto a Maradona. Para sacar fotos hay que tomar café.

Mientras se enfría en el freezer un vasito del Bonarda 2008 vale la pena empezar con el relato de la peregrinación que hicimos en junio pasado con Adriana a Italia buscando el “camino del nocino”. El viaje, planeado durante mucho tiempo, sirvió para seguir las huellas más antiguas de nuestro camino. Ya que comenzamos este recorrido con la metáfora del viaje es importante contar detalles de ese casi mes de andar por distintas ciudades italianas indagando los orígenes del nocino, mientras veíamos maravillas y vivíamos una serie innumerable de jornadas memorables.
El diario que escribí tiene su primer capítulo en Florencia el 27 de junio de 2014 en la Villa Ulivi, un lugar increíble a diez minutos del centro de la ciudad en una casa que parecía el decorado de una película de Alex de la Iglesia (por los habitantes de lugar, los presentes y los ausentes) más que una “villa” florentina, que era lo que Adriana imaginó estar contratando tiempo antes. Las fechas indican el día de redacción, no el de los hechos que se narran. Quizás lo mejor, entre algunas glosas, sea transcribir esas páginas redactadas con tinta negra en una de las bellas libretas que hace mi hija Paloma.
“Este viaje, entre muchas cosas, es una peregrinación por el nocino. Desde que llegamos a Roma, lo rastreamos sin descanso. A todos los lugares que vamos preguntamos si lo conocen y si lo tienen.
“Los dos primeros días en Roma pasaron rápido y allí no hubo noticias. Las sorpresas empezaron en Nápoles, que es una ciudad sorprendente. En la calle que lleva a la Piazza del Gesú aparecieron algunos negocios que lo tenían y cometí el error de comprar una botella de uno por ser de los primeros que encontraba. Lo probaremos y veremos, pero tengo pocas expectativas”.
Como se verá a medida que avance el relato después compramos otras botellas en otros lugares. Todas tienen algún valor, más allá del contenido, porque nos dan una medida. Esta primera compra, que es de un “nocillo” (así lo llaman allí) o “nucillo” de la Península de Sorrento, nos dio una idea de esa zona. Después de probarlo, al menos nos quedó eso, pues el contenido no es gran cosa.
“Mi Cielo (esta es Adriana) fue tomando en todas lados fotos de las etiquetas de los nocino que vamos encontrando. Primera sorpresa que luego siguió: no se repiten las marcas en los distintos negocios, siempre son nuevas. En general son de Campagna, la provincia a la que pertenece Nápoles, o de la Umbria. Ya veremos en Mendoza la colección de fotos y tarjetas.
“En Nápoles quedaron las dos primeras botellitas de 100 cc de Cariatis (trajimos veinte en la valija). El mayor peso han sido ellas y las tres de 500 cc. Una se quedó con dueño de un negocio de venta de exquisiteces que fue el primero en interesarse. Por desgracia ya le había comprado el nocillo a su vecino. Debí comprarle a él. El negocio quedaba en la misma calle donde está el café que le rinde culto a Maradona, Biagio dei Librai, y cuando le llevé la botellita lo probó, le gustó, pero no le dio mucho corte. Esto fue al día siguiente de haber estado allí, fui solo, mi Cielo se quedó en el hotel, ubicado cerca de la estación de trenes en un lugar oscuro, tomado por árabes y bastante pesado de noche.
“La segunda botellita la dejé en la Enoteca del Centro Storico, Callata Trinità Maggiore 48, donde nos atendió un chico joven que nos dio a probar un lemoncello. Al día siguiente no estaba el muchacho, sino el padre, especialista en licores, que lo probó y lo dio a probar a tres parroquianos. Le gustó y a uno, que también era aficionado, le pareció muy bueno. Visitamos el Museo Arqueológico Nacional de la ciudad, donde está el fomoso Toro de Farnesio, entre muchas otras joyas artísticas, como los mejores frescos que sacaron de Pompeya, con un capítulo aparte para los de arte erótico.
“El último día en Napoli fuimos al teatro de San Carlos a ver el Requiem de Mozart y a la salida tomamos cafés deliciosos en el Gambrinus, bar mítico y elegante de la ciudad. Luego, tras caminar, comimos en un restorán muy bueno, pulpo delicioso, vino blanco, y pasta. De postre… el primer nocino. Como quedaba poco, solo una copita y nos la regalaron. Nos trajimos la botella, una caramañola. El lugar se llama Hosteria Toledo y queda en Vico Giardinetto 78. Allí conocimos a dos matrimonios españoles con los que nos quedamos tomando café y lemoncello y luego fuimos a tomar helados. Tres abogados y una economista. Raúl, Javier, Teresa y Soles. Quedamos en contacto y les contamos del nocino.”
Hasta allí el relato de lo que nos pasó en Napoles, una ciudad de la que nos fuimos enamorados y con la promesa de volver. El lugar maravilloso, las mejores pizzas del mundo, la sfogliatella de la Costiera Amalfitana una verdadera hazaña gastronómica y la gente muy amable. Es un extraño caos ordenado, donde parece que algo está a punto de estallar, pero en ese desorden caótico cada cosa toma su rumbo y se mantiene a flote.
Ya se terminó el vasito de nocino de Bonarda 2008. La sigo luego.

 Jaime Correas

toro farnecio napoli

El bellísimo Toro de Farnesio es la pieza más célebre del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

 

Nocino Cariatis